9 jul. 2009

Embarcado en un cuento

Pues después de muchos meses de que este cuento estuviese parado, llevo ya unos días con mis temperas... poco a poco estos dibujos van para adelante. Ya lo dije alguna vez, este cuento es una historia que conté a mi amiga Carmela, hace ya mucho tiempo en la librería donde ella trabajaba. Un día Carmela decidió irse a vivir con hadas, ángeles, y otros tantos seres mágicos y este cuento quedó parado... Creo que es ya momento de acabarlo, de decicárselo y por supuesto si no encuentro editorial pues otra vez a autoeditarme, pero este libro sale... Ya no me hace sentir tan triste dibujarlo, porque a veces ella viene de sus mundos mágicos a visitarme en mis sueños, y volvemos a reír y me vuelve a llamar sobrinete...

6 comentarios:

Gustavo Pinela. dijo...

Precioso, me has puesto al borde del llanto con tus palabras;) .Sé que soy poco dado a comentar (solo lo hago cuando necesito que sepas que has despertado algo especial), pero no te puedes quejar, por que yo no sé mucho de ti (hombre... sé de tus dibujos).

yolanda dijo...

jo! que bonito lo que cuentas.
Y claro que se publicará, estoy segura. Tiempo al tiempo.

sobri dijo...

Gracias Gustavo, gracias Yolanda...

hada madrina dijo...

Estaba deseando que alguien se animara a recordarnos a Carmela. Ella creó grandes lectores, es de Ley que empecemos a ver que se la recuerda. A medida que pasa el tiempo, yo la veo más contenta entre las Hadas y los seres mágicos, estoy segura de que estará contando (su versión) del cuento que toque en ese momento. ¿Recordáis cómo se reía? Gracias Sobrino, venga, venga, ale, ale, que ya te ha llegado el tiempo de recoger la cosecha sembrada, como en Serrada.

sobri dijo...

Llevo unos días excesivamente sensible, ya digo, estar dibujando algo que es para que ella lo vea, hace que se me ponga un nudo en la garganta y se me salten las lágrimas. Claro que recuerdo su voz y su risa. Y las veces que me contaba que llamó a Estrella diciendo está aquí Alberto Sobrino, y Estrella extrañada dijo ¿mi sobrino? y a vez que Carmela me lo contaba, se partía de risa. Creo que lo peor es nunca haber dicho lo mucho que la quería, y lo que me gustaba que me regalase su sonrisa, o esa alegría de enseñarme las novedades... y enseñarme muchas veces el libro que se titula "Adivina cuanto te quiero"... siempre la misma frase, Sobrinete no sé si te he enseñado este libro, yo decía que sí Carmela, que siiii, y los dos nos echábamos a reír... Y al poco tiempo me lo volvía a enseñar
Bueno Carmela, que se que te gusta nada verme triste... así que voy a seguir con tu cuento...

JULIO FALAGAN dijo...

Ese cuento es carne de librería.
Le auguro un buen futuro...